Diario La Nación

La idea del diario

Mitre contaba sólo con su sueldo de senador, que recibía únicamente durante los meses en que sesionaba la cámara alta. No debía pagar ya el alquiler de su casa, pues en enero de 1869 se había protocolizado en la escribanía de Victoriano Cabral la compra de la propiedad con el producto de una colecta realizada por amigos y partidarios. Sin embargo, le resultaba difícil sostener a su familia, pues en aquellos tiempos en que la mayoría de los hombres de su talla veían trascurrir sus días en medio de una gran pobreza, ni se pensaba en lucrar con el sagrado ejercicio de las funciones públicas. Se contentaba con ser el ídolo de una parte del pueblo de Buenos Aires, pero con avizorar un porvenir política todavía brillante —a pesar de que la prensa opositora lo considerarse “una coqueta entrada en años” sin mayores posibilidades— no podía subvenir las necesidades de la siempre ahorrita y modesta Delfina y de sus hijos menores.

Por otro lado, cuando evaluaba sus posibilidades de subsistencia personal, familiar y política no se le presentaba en el horizonte otra alternativa que la del ejercicio activo del periodismo. Así, para fines de 1869 tuvo claro que debía dedicar cuanto poseía a la edición de un diario que le permitiese  vivir y combatir en la arena política.

El 15 de noviembre de 1869 le había escrito a su amigo Wenceslao Paunero, ministro argentino en Río de Janeiro: “Sabrá usted que voy a hacerme impresor para resolver el difìcil problema de la vida. Aquí me tiene usted en el punto en que me hallaba en Valparaíso cuando usted era mi tenedor de libros. ¡Qué bien me vendría ahora para mi nueva imprenta! Después de tantos años de trabajos, victorias y gobiernos, mi posición pecuniaria es la siguiente: durante cinco meses al año gozo sueldo como senador, el que me basta para llenar el presupuesto durante el período de sesiones, mes a mes. En el resto del año gozo un sueldo de 78 pesos. No dirán que he sido un hombre costoso para mi país [...] No contando con más recursos que éstos, y con la casa presente del pueblo, apelo al trabajo de la pluma y de los tipos y monto una imprenta con un diario, que inauguraré el 1º de enero, sobre la base de La Nación Argentina, que compraré por medio de una sociedad ordinaria por acciones. Entre diez amigos he levantado el capital necesario, que son 800.000 pesos moneda corriente. En fin, tengo energías para trabajar, no siento ninguna amargura por volver a empezar mi carrera, volviendo a ser en mi país lo que era en la emigración”.

La fundación de “La Nación”

El diario “La Nación” fue fundado por Bartolomé Mitre el 4 de enero de 1870 sobre la base de la imprenta de “La Nación Argentina” que había comprado para tener una imprenta propia y poder publicar un nuevo diario. Para adquirir aquélla organizó el 16 de marzo de 1870 una sociedad anómima, con un capital de 800.000 pesos, divididos en 32 acciones de 25.000 pesos cada uno, siendo sus suscriptores Mitre, Ambrosio P. Lezica, Juan Agustín García, Cándido Galván, Rufino y Francisco de Elizalde, Anacarsis Lanús, Delfín Huergo, Adriano Rossi y José María Gutierrez.
Mitre tuvo que vender sus muebles, parte de sus libros y algunos objetos suntuosos para pagar la cuota societaria que le correspondía. Más tarde, y para solventar deudas generadas por el periódico, su esposa, doña Delfina Vedia de Mitre, tuvo que hacer lo mismo. Los ingresos de Mitre eran de 78 pesos mensuales percibidos como sueldo de senador, cobrados sólo cinco meses en el año, con lo que vivía estrechamente. Los otros siete meses —y tal como sucedía con los legisladores de aquel entonces que no tenían remuneración alguna— debía arreglárselas con lo percibido en sus tareas de impresor y del trabajo de su pluma.
De la imprenta original La Nación se trasladó el 26 de abril a la casa histórica donde vivía Mitre en la calle San Martín al número 208 de entonces, hoy San Martín 336, casa que al dejar la presidencia del país le habían regalado sus amigos y admiradores. En ese solar se siguió editando el diario hasta que en 1885 fueron trasladadas las maquinarias al edificio contiguo, obra del arquitecto Buschiazzo. El 13 de octubre de 1879 los accionistas fundadores de La Nación ante escribano público dieron por terminada la sociedad y cedieron su activo y pasivo al general Mitre, quien lo aceptó de inmediato.
El 15 de abril de 1909, tres años después de su muerte, sus herederos decidieron constituir una sociedad anónima, la que fue formada por los hijos sobrevivientes del general y los nietos sucesores de los otros hijos ya fallecidos.

Los primeros directores

Desde que Mitre le dio vida el 4 de enero de 1870, La Nación ha tenido varias conducciones. Los primeros prolongaron a lo largo de las generaciones siguientes su clara tradición que brinda al diario un robusto basamento. Bartolomé Mitre fue su primer director pero, clausurado el periódico a raíz de la revolución de 1874, volvió a aparecer en marzo de 1875. Como el general seguía detenido en Luján mientras se sustanciaba su proceso y redactaba el prólogo de la Historia de San Martín, designó a Juan Antonio Ojeda como director del diario (1875-1882). El salteño Ojeda, por su agudeza mental, su fina ironía y sus condiciones innatas de periodista, supo manejar el diario con destreza, sorteando las dificultades y manteniendo sin desmedro la herencia que se le había confiado.
El hijo del general, Bartolomé Mitre y Vedia, estuvo al frente de la dirección (de 1882 a 1893), Bartolito, como le decían todos cariñosamente, acudía al consejo de su padre y dio al periódico una fisonomía más acorde con su época, agilizó el estilo, dinamizó los editoriales, dejó de lado la excesiva erudicción y en cierto modo se anticipó al moderno periodismo; aunque a veces su hermano, el ingeniero Emilio, lo reemplazaba transitoriamente (de 1894 a 1909), sólo la muerte logró quitarlo del escritorio desde donde su dirigía el diario.
La segunda generación de los Mitre: Bartolito y Emilio, completan así la obra iniciada por el general y, siguiendo su doctrinaria trayectoria, le dieron una forma más fluida, más impersonal, más acorde con el contorno en que se desenvolvía y supieron mantener, a pesar de todas las dificultades, la prestancia de esta creación de su insigne antecesor. En diversas ocasiones –singularmente durante los viajes de D. Emilio a Europa– dos periodistas avezados actuaron como directores interinos de La Nación. Fueron José Ceppi y Julio Piquet. Ambos se incorporaron a La Nación en su primera época: uno en 1884 y otro en 1886, y ambos llegaron a desempeñar su dirección porque, además de ser hombres de confianza de Bartolito y Emilio Mitre, quienes intuyeron la calidad moral de estos dos caballeros, Ceppi y Piquet se perfilaron entre los periodistas de mayor relieve que tuvo Buenos Aires a fines del siglo XIX y a comienzos del siglo pasado, en una época en que pululaban en las redacciones los intelectuales de prestigio.

Las clausuras

La Nación ha tenido sus clausuras. En vez de corregir sus vicios o enmendar sus errores, los gobiernos recurren a medidas de fuerza, silenciando los diarios que critican su gestión o señalan sus desvíos. Procuran así que la opinión pública no tenga la información que le corresponde o que sus actos no sean juzgados por ese alto tribunal, que con razón se lo define como el cuarto poder del Estado.
Es curioso que la primera clausura de “La Nación” por el gobierno, con motivo de la revolución nacional que Mitre encabezaba en 1874, fuera casi simultánea con el cierre espontáneo de “La Prensa” decidido por su fundador y director, el entonces joven José C. Paz, quien manifestó que en tales circunstancias había que trocar la pluma por la espada y se alista en el ejército revolucionario. Esa clausura de La Nación duró cinco meses y diario reapareció el 1º de marzo de 1875. Por otra parte, el presidente Avellaneda, meses más tarde, decretó la libertad de Mitre en el aniversario de la gloriosa y trascendente batalla de Tuyutí, el 24 de mayo.
Un editorial titulado “Pobre país” publicado el 17 de diciembre de 1876, formidable alegato a favor del periodismo en que se constestaba a un artículo de Sarmiento publicado en “La Tribuna” sobre los abusos de la libertad de imprenta, fue el motivo ocasional de la segunda clausura, aunque la razón real fue la constante prédica del diario contra los gobiernos fuertes y los abusos del poder.
El 28 de diciembre de ese año, levantada la clausura, salió de nuevo con un editorial, “Ayer y hoy”, que entre otros conceptos expresaba: “Así como un pueblo no puede ser semi libre ni semi esclavo —porque tiene que ser necesariamente lo uno o lo otro—, desde que ejerce o no ejerce todos los derechos que son de su propiedad natural, así la inteligencia no puede discutir a media luz, con un pie vacilante en el terreno de la verdad y otro pie en el terreno de la mentira”.
La revolución del 26 de julio de 1890 determinó su tercer cierre porque el diario, con sus briosos editoriales, muchos de ellos debidos a la pluma batalladora de Mitre y Vedia, habían encendido los espíritus y contribuido a crear el clima propicio para la rebelión que se incubada desde el movido meeting del “Jardín Florida”.
El 30 de julio el gobierno permitió la publicación que se inició con un editorial titulado “Nuestra actitud”, en la que se expresaba que estando vigente el estado de sitio no era posible decir la verdad, ni al gobierno ni a los partidos, por lo que se reducía su acción a la esfera de las informaciones.

Luego de éstas, ya no tuvo más clausuras, pero sí amenazas de todo orden. Iniciación de juicios por pretendido uso indebido de la liberación de gravámenes al papel de diario. Dificultades para proveerse de papel y hasta la imputación falsa hecha en la Cámara de Diputados de la Nación en 1937 de que estaba “manejada por el mercantilismo yanqui”, afirmación que determinó que la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara hiciera una exhaustiva investigación, llegando por unanimidad a la conclusión de que las acciones emitidas por la S. A. “La Nación” desde su constitución hasta ese momento no han salido del poder de los cinco hijos del general y sus descendientes y que sus titulares son todos de nacionalidad argentina.

La Nación a través de su historia

Bibliografía

Gambier, Marina.
La Nación, más que noticias: el cambio, la adaptación a las nuevas tecnologías, es una constante de todos los días en el diario fundado por Mitre
.
La Nación, domingo 28 de noviembre de 1999.

Hornos Paz, Octavio
Breve reseña de La Nación desde sus comienzos y su evolución a través del tiempo: el fundador y la fundación
.
Buenos Aires: La Nación, 2004.

De Vedia, Bartolomé
Un diario que es guía y espejo del país: La Nación fue creada en 1870 como un espacio plural de difusión de ideas que acostumbró a la Argentina a mirarse a sí misma.
La Nación, domingo 3 de enero de 2010.

Valiente Noailles, Enrique
Entre la tradición y la novedad.
La Nación, domingo 3 de enero de 2010.

de Bortoli, Ferruccio
Periodismo que mira al futuro.
La Nación, domingo 3 de enero de 2010.

Aniversario / Cumplió 140 años el diario fundado por Mitre
LA NACION, protagonista y testigo de la historia
La celebración reunió a figuras del mundo político y cultural
La Nación, martes 5 de enero de 2010.


 


 




Máquina para sacar pruebas utilizada durante los primeros años del diario (pieza donada por José Barcia que se muestra en el museo)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ejemplar número 1
del 4 de enero de 1870.

   
Fundado el 3 de junio de 1907

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